jueves, 4 de marzo de 2010


Mientras bajabas las escaleras te ibas arreglando el pelo..
No nos mirabas..
Te vestías de Domingo, caminabas a través del pasillo de entrada..
Y mientras ibas dejando el umbral detrás, nadie te extrañaba. Para nada..
Una vez fuera, en el patio, ahí te extrañamos todos.
Mamá habla fuerte, habla como si supiese algo de algo.
Arriba la abuela se levanta, se entera, no sabemos qué va a pasar, si podrá bancarse todo esto, si podrá desayunarlo.. o se atragantará..
En el árbol, bien alto, corto las mismas hojas de pino que hace 15 años.
No supiste darme una respuesta: es más felíz el que se revienta la cabeza contra la piedra, por lo menos así demostró estar vivo, por ley de ausencia. Yo soy una muñeca que sabe demasiado, demasiado cerca del sol.
Ahora él también debe andar por ahí. Siempre estuvo ciego, por dentro; siempre tuvimos demasiada hambre, y de tanto comer letras se nos fue ulcerando el estómago, transformando la sensación de bienestar en bultos malignos, haciendo metástasis, hasta arrancarnos de este marco de realidad, llevandonos a otro, mucho mas frío, injusto, impotente, desconocido..

Y nadie te extraña. Dejaste las llaves en el umbral, no podemos asimilarlo aún.



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