jueves, 29 de julio de 2010

En determinado momento se dió cuenta de que las agujas caminaban gracias a un engranaje, una pequeña parte de un todo, que las hacía funcionar. Y ese increíble descubrimiento le hizo sentir que ella también era un engranaje, pero no imprecindible; de esas tuerquitas que te encontrás por la calle y no sabés para que son o de qué son, pero no debe ser muy grave la pérdida ya que no hay fuego por ningún lado, ningún accidente, ninguna avería. Y por momentos, se sentía el reloj mismo, y sintió el tiempo pasando a través de ella. Y se sintió imprecindible.

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